Estaba en mi habitación cuando desperté alrededor de las 3:00 a.m.. Mis ojos aun estaban carentes de buena visibilidad por el repentino despertar. Una extraña sensación recorría mi cuerpo (sensación que con el pasar de los años se me hizo familiar). No sabía qué me pasaba, estaba completamente asustado…era lógico, tenía tan solo 12 años de edad y era mi primera experiencia de ese tipo.
Giré mi cabeza muy despacio, apartando el cojín que tenía a mi lado izquierdo. Me quedé atónito, sin poder hablar y con dificultad para respirar. No sabía si era real lo que estaba viendo… ¡los fantasmas no existen! me repetía incansablemente.
Pero si existen. Era una mujer mayor, como de 50 años de edad, baja de estatura, cabellos cortos y negros, con blusa y falda típica de los años 40’s. Ella estaba inmóvil, simplemente me miraba fijamente. Nunca había sentido latir mi corazón tan fuertemente.
Era increíble el estado en el que yo me encontraba, sin poder hablar, ni moverme….sin poder reaccionar. No sé cuanto tiempo pasó hasta que decidí hablarle: “quiero que te vayas, me asustas. Anda donde tienes que ir, aquí no es, estás perdida….ándate ya por favor”
Cerré los ojos y me cubrí con las sábanas. Empecé a rezar. Sin darme cuenta me quedé dormido.
Al despertar (una hora después) ya no estaba. Me levanté y corrí a la habitación de mis padres. Sacudí el brazo de mi madre y al momento que despertó le conté lo sucedido. Inmediatamente tomó su rosario, me tomó de la mano y me llevó de vuelta a mi habitación. Me cobijo y me dio un beso en la frente y se quedó al lado de mi cama para darme seguridad hasta que pueda dormir.
No volví a ver a ese fantasma, pero muchas veces sentía que me miraba cuando me disponía a dormir.
Que tu alma descanse en paz… mujer fantasma.



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